Curvas que el viento toma
por no tomar de mi cuerpo su abrazo frontal.

Roces de tacto tibio y fugaz sensualidad.

Otras manos, con su perspicaz aleteo
mansamente mecen el pasto ondulado de mi pecho.

Campos pardos del verano tardío
empapados en sudor de lluvia cansada,
trampa de pájaros siniestros que acuden
en vendaval de arena negra
a picotear en mi vientre estéril

Mi cuerpo que el tiempo ha hecho carroña
por burlar en su momento lo que ahora añoro a destiempo

Tras idas y venidas,
caídas sin heridas, carreras a troche y moche,
arrastres entre sinuosas zanjas, abiertas a desmonte,
quiero pararme quieto
a contemplar las cosas puras, con luz crepuscular,
sin deslumbres ni sombras negras
que emborronen la eternidad.