Luz del alba, fría y afilada,
recorta en la oscuridad
la cumbre de la montaña,
y un aura dorada
quema mi almohada.

Luz que tiembla
en la mano sagrada
de quien sostiene
la voluntad de conceder
un día más de prórroga.

Luz que me ata
a un extremo de la vida,
unge mi frente
con lágrimas de cera,
miel del jardín de luz eterna.

Sea este un buen día,
pues buenos son los días
que anuncian lo que se termina.